El barco se hunde

Me acuerdo del océano
disparaba manotazos en medio
de la tempestad iracunda.

Del silencio que hacía
cuando escribía en mi litera
subterránea y fría.

Era el espasmo,
el espejo de la furia
naranja de las nubes,
en el cielo.

Relámpagos y truenos
despertaban mi conciencia
la lluvia; finos clavos,
pinchaban la madera
con estruendos.

Este es mi último verso
en este cuaderno lo dibujo
No creo que sobreviva
al demoníaco impulso
del mar.

 

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